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Cólera

Marcelo González Imaz

Cómo hoy se trata de presentar la temática, voy a realizar un rápido recorrido por las referencias que encontramos sobre la cólera en Freud, en Lacan y en Miller.

La primera cita que quiero compartir con ustedes es en realidad de Breuer, quien, en Estudios sobre la histeria, se refiere a la cólera en estos términos: “todos los afectos intensos dañan la asociación, el decurso de la representación. La cólera o el terror hacen «perder el sentido de las cosas» … se vuelve imposible nivelar esa emoción {Aufregung} mediante una actividad asociativa.” [1] Será la descarga motriz, la forma en que se logra moderar el crecimiento de la excitación. Es interesante como Breuer ubica la cólera por fuera del sentido y del lado de lo corporal.

Contemporáneamente, Freud situó a la cólera como uno de los estados emotivos asociados a las obsesiones y a la cual el neurótico obsesivo tiende con facilidad. [2]. En el Hombre de las Ratas, Freud hace referencia a accesos de cólera inconscientes, intensos e insensatos.

En “El Moisés de Miguel Ángel” se refiere al rapto de cólera de Moisés cuando bajó del Monte Sinaí adonde había subido para recibir directamente de Dios las Tablas de la ley, los diez mandamientos. Cuando regresó, cuarenta días después de haber subido, se encontró con que los israelitas habían fundido metales para confeccionar un becerro de oro a imagen y semejanza de Apis, el toro sagrado que adoraban los egipcios. Esto enfureció a Dios e hizo que Moisés montara en cólera y arrojara las Tablas de la ley destruyéndolas al igual que hizo con el becerro. Luego serían reescritas por Moisés y adoptadas por su pueblo.

Este hecho vivido por Moisés nos muestra que la cólera es un rapto, aquello que irrumpe cuando algo de lo simbólico se ve violentado por la realidad. Concuerda con lo que Breuer ya había expresado en “Estudios sobre la histeria” sobre la descarga motriz como niveladora de la excitación al fracasar la asociación y el sentido.

Freud también nos habla de la cólera del superyó como uno de los peligros para el yo. De esta perspectiva, la cólera podría asociarse al campo pulsional, y más específicamente a la pulsión de muerte.

En Lacan encontramos tres referencias a la cólera. La primera es

Es difícil no percatarse de que un afecto fundamental como el de la cólera no es otra cosa que esto: lo real que llega en el momento en que hemos hecho una muy bella trama simbólica, en que todo va muy bien, el orden, la ley, nuestro mérito y nuestra buena voluntad. De repente nos damos cuenta de que las clavijas no entran en los agujeritos. Ése es el origen del afecto de la cólera. Todo se presenta bien para el puente de pontones en el Bósforo, pero hay una tormenta que agita el mar. Toda cólera es agitar el mar.” [3]

Un año más tarde agrega que:

(…) la cólera es una pasión, sin duda, que se manifiesta por cierto correlato orgánico o fisiológico, por cierto sentimiento más o menos hipertónico, incluso de elación, pero que quizá necesita algo así como una reacción del sujeto a una decepción, al fracaso de una correlación esperada entre un orden simbólico y la respuesta de lo real.” [4]

En la tercera y última plantea que la cólera se suscita “cuando en el plano del Otro, del significante, o sea, siempre, más o menos, el de la fe, de la buena fe, no se juega el juego.” [5]

Lacan lleva un poco más lejos la cuestión de la cólera y la saca del ámbito de los afecto para definirla como una pasión. Es un cambio sustancial, porque la pasión no es algo que se siente, sino aquello que se padece como una perturbación a nivel corporal que, para Lacan, tiene su origen en un fracaso en lo que se espera del orden simbólico y lo que finalmente llega de lo real. Lacan alude al puente de pontones del Bósforo para mostrarnos que las cosas no siempre salen como se planean. El proyecto para construir ese puente estuvo pronto desde 1950, pero fue construido 20 años después. Desde lo real la respuesta fue otra a la que se aspiraba desde lo simbólico. Es su forma de explicar el “fracaso de una correlación esperada entre un orden simbólico y la respuesta de lo real”.[6] Fracaso que en el seminario 10 sitúa en el campo del Otro, cuando el juego del significante, por algún motivo, deja de jugarse.

En Miller también hay pocas referencias a la cólera.

En 1989 retoma la cuestión planteada por Lacan acerca del origen de la cólera en el hecho de que “las clavijas no entran en los agujeritos” y afirma que es un recordatorio de “que el significante no llega a reabsorber el objeto a”. Por esa falta de un significante sobre el ser del Otro, el Otro se presenta como objeto a, lo cual lleva a Miller a decir que “Por eso la cólera es un afecto de a. (…) la pincelada de lo real por excelencia”.[7]

Miller comparte la idea de Lacan de que la cólera es una pasión del cuerpo [8] y lleva la cuestión un poco más lejos. Ubicada en relación a Pegan a un niño, una referencia que nos interesa especialmente ya que este año trabajaremos en profundidad este texto freudiano, Miller nos dice que el cuerpo flagelado también es un cuerpo glorioso por el resultado de la cólera y nos propone pensar que la cólera es un goce.[9]

Considerando que la cólera:

  • es una pasión, un modo de padecimiento que pasa por corporal,
  • que es algo que para algunos sujetos puede constituir un modo de goce (por ej. para el hombre de los lobos)
  • que su aparición lleva la firma de lo real ya que se origina en el momento en que se presentifica un real último: el significante no es capaz de reabsorber al objeto a

Esto tiene su correlato clínico. Gran parte de nuestra labor en la clínica psicoanalítica consiste en recibir innumerables relatos de fracasos que enfrentan los sujetos cuando se encuentran con respuestas de lo real que no tienen correlación con lo que se espera en lo simbólico.

Si bien no todos los sujetos reaccionan con cólera, creo que la posición que conviene al psicoanalista es la de mantener la preocupación de Lacan cuando se preguntaba “por qué la cólera despertó tanto interés en la historia de la psicología y de la ética y por qué, en el análisis, nos interesamos tan poco en ella.” [10]

NOTAS

  1. Freud, S. (1996). “Estudios sobre la histeria (Breuer y Freud)” (1895d). En: Obras completas, vol. II (1893-1895) (2ª edición, 5ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores, pp. 212-13.
  2. Freud, S. (1994). “Obsesiones y fobias. Su mecanismo psíquico y su etiología” (1895c [1894]). En: Obras completas, vol. III (1893-1899) (2ª edición, 4ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores. También en “Carácter y el erotismo anal” (1908b). En: Obras completas, vol. IX (1906-1908) (1993, 2ª edición, 3ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores.
  3. Lacan, J. (2014). El Seminario. Libro 6. El deseo y su interpretación (1958-9) (1ª edición). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, p. 159.
  4. _____. (1992). El Seminario. Libro 7. La ética del psicoanálisis (1959-60) (1ª edición, 4ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, p. 127.
  5. _____. (2006). El Seminario. Libro 10. La angustia (1962-3) (1ª edición). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, p. 23.
  6. _____. (1992). El Seminario. Libro 7. La ética del psicoanálisis (1959-60) (1ª edición, 4ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, p. 127.
  7. Miller, J-A. (2011). El Banquete de los analistas (1989-1990) (1ª edición, 2ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós p. 107.
  8. _____. (2013). Piezas sueltas. (1ª edición). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.
  9. _____. (2012). Sutilezas analíticas. (1ª edición, 1ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.
  10. Lacan, J. (1992). El Seminario. Libro 7. La ética del psicoanálisis (1959-60) (1ª edición, 4ª reimpresión). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós, p. 127.