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Revista Repique

Repique #3

A quien corresponda…

Germán Asencio

Introducción

Intentaré ejemplificar de qué forma la herramienta psicoanalítica puede constituir un lineamiento de acción dentro de un marco interdisciplinario regido por el mundo jurídico.

Datos contextuales

Dahiana de 13 años, es internada en un hogar para adolescentes por decisión judicial, debido a la detección de cortes en su brazo izquierdo, por parte de un centro educativo. Refiere sufrir violencia física por parte de su madre y hermana mayor. Los cortes son motivados por la angustia que le genera que su madre no la deje salir a la calle.

Esta familia ya tiene vinculación con INAU, dos sobrinos de Dahiana, residen en otro centro. Su madre es abuela de los mismos y madre del padre de estos, quien esta privado de libertad. Luego de algunas instancias con Dahiana convocamos para una entrevista a Rosa, su madre, quien manifiesta interés por retomar la custodia de su hija. Se queja de dolencias físicas. Llega con un niño de 5 años al que no conocíamos. Mientras transcurre la entrevista, Rosa se impacienta por ver a su hija, la cual se retira del centro para una actividad sin saludarla, sabiendo de su presencia.

Fragmentos de la entrevista

R- (Refiriéndose al niño): “Es de un hijo mío, que está conmigo por ahora, pero eso no tiene nada que ver, él no tiene nada que ver”

N- ¿Usted tiene 5 hijos verdad?, ¿cómo están ellos? R- Criados, en sus casas con sus esposas.

N- Dos de ellos están privados de libertad (tensión en el ambiente y silencio) ¿Por qué causas?

R- Por temas de ellos. Pero ellos no tienen nada que ver. N- ¿Como se conocieron con el padre de Dahiana?

R- “Por Maldonado, por ahí. Yo la crie sola. Quiero que vayan y le pregunten a los vecinos. El padre de ella nunca nada, ahora está drogado por la calle”.

N- ¿Por qué usted no dejaba a Dahiana salir de la casa?

R- “Ella quiere calle, y yo no quiero que ande. Me dice que va a la placita y después me entero que estaba en otro lado, con gurises más grandes. Tengo miedo que me quede embarazada. Si es como dicen ustedes, que tiene que salir, entonces la dejo. Ustedes me hicieron ver eso, que a ella hay que irle soltando la cadena”.

Desarrollo

Intentaré jugar un poco, con el fin de desarrollar estos fragmentos, con nuestras interpretaciones y algunas palabras del “Seminario sobre la Carta Robada” de J. Lacan.

Elegimos trabajar este caso desde el significante de la mirada por una razón: un niño de 5 años corriendo por un patio, puede estar escondido a plena vista. “El niño que no tiene nada que ver” fue abandonado por el hijo de Rosa y su ex pareja. El que no ve, no tiene nada para decir. Desde ese lugar se para esta madre. Nos muestra, se muestra, sufre, se angustia y nos ofrece “la carta” pero dada vuelta. Rosa es la abuela que sufre por criar ese niño y también quien avala la negligencia de su hijo y las actividades criminales.

En el seminario mencionado, encontramos el análisis del texto literario que bien podríamos usar aquí: Hay tiempos, hay tipos de miradas, hay sujetos que las soportan y

hay funciones de orden entre los tipos de miradas. En la carta robada son tres. El primero es de una mirada que no ve nada: es el Rey y es la policía. El segundo, de una mirada que ve que la primera no ve nada y se engaña creyendo ver cubierto por ello lo que esconde: es la Reina, después es el Ministro. El tercero, que de esas dos miradas ve que dejan lo que ha de esconderse, al descubierto, para quien quiera apoderarse de ello.

Nuestra reina/ministro ya cuenta con la mirada del que no ve nada, la del Otro. Ve como no la ven, se esconde detrás de fachadas, salta de una a otra: la relación con los vecinos, su angustia, sus problemas de salud. Pero lo que debíamos ver, fue traído por ella a plena vista, “él, no tiene nada que ver”. Tiene razón, ni el niño ni sus hijos privados de libertad tienen nada que ver con lo que Rosa quiere que veamos. Ella cuenta con que nuestra mirada será también la que no ve nada. Este significante y la interpretación del mismo será fundamental para diseñar una línea de acción: desde este abanico de miradas, nos jugamos el lugar que ocuparemos para esta familia.

Desde su Yo Rosa despliega una serie de imágenes, que la alejan de una persona violenta o de una madre abandónica, habla de sí misma como una mujer autosuficiente y con las herramientas para educar a sus hijos. Sin embargo, nos trae la prueba contraria a plena vista y nos dice que no la miremos. ¿Estaremos frente a un pedido de ayuda inconsciente? Podemos pensar también que lo que nos demanda Rosa es la certera mirada que no tuvo el Rey de Poe. El reclamo de orden en su propia vida, como diciendo “miren esto por favor”.

Nuestra postura tuvo que repensarse. Si la línea de intervención debe ser en pos primero de Dahiana, podríamos habernos posicionado como el Nombre del Padre: dar orden y sentido. Descubrir la carta y encausar desde el poder del estado; ocupar el lugar del Rey, cumplir con lo que pensamos es una demanda inconsciente de Rosa y desde ese lugar trabajar a largo plazo con el núcleo familiar, y sobre todo cumplir esa función para Dahiana.

Veíamos un entorno familiar inestable, una madre con escasas herramientas para poner límites, que colocaba en una adolescente una serie de velos para no ver ella misma, que su hija tenía acciones violentas, de manipulación y que no se mostraba ni afectuosa ni dependiente de su madre. Sabíamos que no vería o no podría ver nada de lo que hiciese Dahiana, al menos no mientras siguiera ocupada de que nosotros no la veamos. Su rol dentro de la familia habría sido el de encubrir o no dejar ver. Es por esa modalidad que pensamos que La mirada del Rey será siempre para Rosa aquella que hay que evitar.

En cuanto a desde qué lugar miraríamos, optamos por la mirada de Dupin, quien ve la carta, ve como ha sido escondida, se muestra amistoso y vuelve más tarde a recuperarla, cambiando la carta por otra. Pensamos que lo fundamental sería mover a Rosa de ese lugar, no apresurarnos a tomar la potestad del padre. Nos dispusimos a generar una dinámica en donde su rol de cuidadora y figura de autoridad es tanto potenciado como lo es obligatorio. Nuestro lugar para Rosa debería implicar la posibilidad de mostrar sin juzgar ni condenar, a cambio de la responsabilidad de juzgar ella misma. La idea es que pueda un día tomar la mirada del rey y ver lo que se esconde a simple vista. Al fin y al cabo, todo comienza desde una mirada.

BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan, J El seminario sobre la carta robada, Escritos 1. Siglo XXI, Bs As, 1985