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Revista Repique

Repique #3

El analista y el analizante. Dos inconscientes en el análisis

Florencia Fernández

“En el camino hacia la despalabra, que tan deseable me resulta, quizás fuera inevitable pasar por cierta ironía nominalista. Pero no bastará con que el juego se despoje de su sacra seriedad. Ha de cesar el juego. Actuemos como aquel matemático loco que utilizaba un principio de medida distinta en cada una de sus fases del cálculo. Una agresión a las palabras en nombre de la belleza”
Samuel Beckett, Carta alemana, 1937.

En el atravesamiento de un análisis son necesarios dos elementos fundamentales: transferencia e interpretación o, mejor dicho, la interpretación bajo transferencia.

Dice Lacan en el final de su obra: “El neurótico espera ser liberado de su síntoma precisamente porque no consigue hacer de su síntoma un Sinthome” (Seminario 23, Le Sinthome). Esto es lo que puede conducir a pedir un análisis: intentar encontrar un modo de hacer algo con aquello que le concierne y que en su repetición le genera sufrimiento.Cómo sabemos, nada le atañe más al sujeto que su síntoma, además de su fantasma.

Dos inconscientes

Si pensamos el recorrido de un análisis y el modo en que la interpretación opera para que de allí advengan efectos de verdad, debemos primero despejar qué entendemos por interpretación y precisar si hay distintos momentos en un análisis que conducen a interpretar de manera diferente.

En su “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI” Lacan menciona dos inconscientes que Miller retomará en “El Ultimísimo Lacan”: el inconsciente real y el inconsciente transferencial, introduciendo allí la dimensión de un inconsciente sobre el final del análisis como distinto al inconsciente que se pone en juego en el análisis. A partir de allí nos da algunos indicios de “hacia dónde” debe orientar, el analista, su práctica.

El primer momento de un análisis estará ligado, entonces, al inconsciente transferencial, momento donde el analista está en posición de Sujeto supuesto Saber. Aquí se pone en juego la hystorización, la historia que pasa al Otro ficcionada. Mientras que, recién sobre finales del análisis, se accede al inconsciente real del cual se diferencia sustancialmente, aunque no es uno sin el otro. Cuando Lacan desarrolla esta idea refiere al momento en el cual el sujeto puede hacer algo con lo real en su análisis, donde el sujeto ya es un “uno mismo” haciendo alusión al concepto que desarrolla en el “Prefacio…” cuando afirma; “uno lo sabe, uno mismo”. Aludiendo aqui al momento de destitución subjetiva, intancia que refiere al "deser".

A partir de ello se entiende el inconsciente real como el inconsciente descarnado, sin represión, desnudado de creencia.

Interpretación y deseo del analista

Tal como afirma Lacan en “La dirección de la cura y los principios de su poder”, la interpretación del analista es su táctica: aquello con lo cual el analista opera. Por ello podemos afirmar que no hay buenas o malas interpretaciones, sino que hay o no hay efecto interpretativo. Pero, para que haya interpretación es necesario que el dispositivo se haya puesto en funcionamiento.

Ahora bien: ¿cuál es la relación que existe entre transferencia e interpretación? ¿será que la transferencia crea la interpretación o es la interpretación la que crea la transferencia?

Me gusta pensar que la interpretación es la que posibilita la instalación de la transferencia, y a partir de allí se puede afirmar que es el inconsciente y no el analista el que interpreta.

Pero para que haya interpretación debe haber analista. ¿Y qué entendemos nosotros por analista?: ¿Es una manifestación del inconsciente? ¿Un analista es lo que podrá devenir un sinthome? El analista será lo uno y lo otro según el momento del análisis en el cual encarne su función, pero de lo que habrá de estar advertido es de no caer en los espejismos de la posición de amo. Pues lo que orienta al analista es su ética, regida por el deseo del analista y puesta en acto a través de la interpretación.

En “Variantes de la cura tipo” Lacan plantea que “el analista se distingue en que hace de su función que es común a todos los hombres, un uso que no esta al alcance de todo el mundo cuando porta la palabra". Esto quiere decir que no existe una interpretación verdadera o falsa, adecuada o inadecuada, sino que de lo que se trata verdaderamente es de que haya presencia del analista. Esta es una primera versión del deseo del analista.

Una segunda versión será aquella en la que se produzca un efecto reductivo, pues interpreta sin explicar: la interpretación no sólo puede, sino que debe, ser breve. Por tanto, existe un punto de exclusión: “o se explica o se interpreta”.

Otra modalidad es el deseo del analista como encarnando un enigma, por ello Lacan sostiene en la Proposición del 9 de octubre: “el deseo del analista es su enunciación, lo que solo puede operar si viene de allí en posición de x”.

Por último, la versión del deseo del analista en la que ya no hay juego significante. El analista apunta a una interpretación discontinua, produce una ruptura y un desplazamiento del significado. Esta versión del deseo del analista va de la mano de la idea de analista-sinthome. Aquí la orientación será la de reducir el significante hasta que reste la letra en un proceso de decantación: la letra se distancia del significante porque ya no hace cadena, está vacía de sentido. El analista ya no va a orientar la cura buscando la proliferación significante.

Lacan con Beckett

Lacan, en el “Seminario 16: De un Otro al otro” evoca al dramaturgo Samuel Beckett, cuando dice “la esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras”, en la misma línea años después en “Lituraterre” alude a la palabra como residuo, a la letra como tachadura.

Beckett proponía una reducción de la palabra a su mínima expresión escribiendo una obra que dio en llamar “Acto sin palabras”

Miller plantea: “A partir de ahí Lacan formará un neologismo que ya he enseñado, la apalabra. La función de la palabra enfocada del lado de lo real”

La orientación del analista será en el recorrido de un análisis, poder operar “beckettianamente” para producir efectos de ruptura, desplazamiento y vaciamiento de sentido que conduzcan a la invención de un saber para finalmente arribar a la destitución del sujeto y del Otro.

Conclusiones

Tomando en cuenta lo desarrollado y a modo de síntesis podremos afirmar que el analista opera primero desde el lugar de sujeto supuesto saber habilitando que advenga una “otra” historia, una historia no oficial, poniendo en juego al inconsciente transferencial. Para luego, sobre el final del análisis devenir analista- sinthome: su función ya no será la de promover la proliferación de sentido y el enlace de significantes . Aquí es el inconsciente real el que trabaja que apuntará a la discontinuidad, a la deconstrucción del sentido, citando a Beckett "el camino hacia la despalabra."

Será como efecto de ello que decantará un nuevo saber para el sujeto, sujeto que ya por la operación de destitución no es mas que uno mismo, Uno sin Otro.

BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan, Jacques: “Prefacio a la edición inglesa del seminario XI” en Otros Escritos, Paidós, BsAs,2012
  • Lacan, Jacques: “Lituraterre” en Otros escritos, Paidós, BsAs, 2012
  • Lacan, Jacques: Seminario 16 “De un Otro al otro”, Paidós, 2006
  • Lacan, Jacques: Seminario 23 “Le sinthome”, Paidós, 2006
  • Lacan, Jacques: “Del trieb de Freud y el deseo del analista” Escritos, Tomo II, Siglo XXI, Bs As, 1985
  • Lacan, Jacques: “Variantes de la cura tipo” Escritos I , Siglo XXI, Bs As , 1985
  • Lacan Jacques; “Proposición del 9 de Octubre de 1967” en Otros escritos, Paidós, BsAs, 2012
  • Miller, Jacques -Alain: “El ultimísimo Lacan”, Paidós, BsAs, 2013