Tel. +59 8 2900 9464 secretaria@glm-uy.org Río Negro 1354 - Of. 40, Montevideo, Uruguay

Revista Repique

Repique #3

El trabajo de la adolescencia y el trabajo del analista en la adolescência

Santiago Ferreira

Introducción

Es un hecho que llegan hoy muchos adolescentes a los consultorios, lo cual conlleva para nosotros, analistas en formación, cuestionarnos acerca de nuestras prácticas. Cuestionarnos acerca de cuál es nuestra posición como analistas, qué especificidades se juegan en un análisis con un adolescente.

En función de la (corta) experiencia como analista que le puede ser adjudicada a quien escribe este ensayo, a continuación se pondrán a punto algunas particularidades y aspectos que conciernen al trabajo de la adolescencia y al trabajo del analista en la adolescencia, sin perder de vista que un análisis debe apuntar a la singularidad del caso a caso, de cada sujeto.

El cuerpo, la imagen y el encuentro con lo real sexual: el trabajo de la adolescencia.

Ruiz (2013) plantea que existe un gran trabajo psíquico en la adolescencia, de elaboraciones, tramitaciones subjetivas y que se impone, en parte, por la metamorfosis corporal que se produce.

Sabemos junto a Lacan (1949) la importancia del otro en el estadio del espejo. Allí se produce la construcción de una unidad corporal, unificación imaginaria, que es mediada por la intervención de un otro semejante que apuntala su identificación con una imagen total de sí mismo.

Podríamos plantear que algo de esto vuelve a re-intervenir en la adolescencia, cuando el cuerpo se encuentra en plena ebullición y emergencia de los caracteres sexuales secundarios. La visibilidad de los mismos, como parte de esta metamorfosis, implica un trabajo de (re)construcción de un cuerpo, que deja atrás la imagen de sí mismo como niño/a, y se proyecta en proceso de construcción del cuerpo adulto.

El encuentro con lo sexual, en medio de la intensidad que puede atribuirse a la vida pulsional del adolescente, plantea Ruiz (2013), lleva al sujeto a encontrarse con la realidad de su condición sexuada, preguntándose ¿quién soy? Se enfrenta al agujero, a esa falta de saber en la que el sujeto se confronta con el aforismo lacaniano “no hay relación sexual”. Las repercusiones en cada sujeto se darán en su singularidad, pudiendo incluso causarle horror (Ruiz, 2013), y será fundamental atender a lo que el adolescente pueda relatar al respecto.

En la clínica tenemos contacto con diversas consecuencias de este trabajo psíquico de la adolescencia en relación al cuerpo, las dificultades que el sujeto ubica y el malestar y sufrimiento que le produce. Tiempo de inseguridades y preocupaciones corporales, de primeros encuentros sexuales, primeras parejas, y otras experiencias que se relacionan con el encuentro con el otro, la mirada del otro. Freud (1905) plantea que el sujeto pasa de la satisfacción autoerótica de la pulsión sexual, al hallazgo del objeto. (Des) Encuentros con el otro que se producen no sin malentendidos, ya que como plantea Lacan (1974), “nadie se las arregla bien con eso” (p.588).

El trabajo del analista en la adolescencia

Cuando recibimos un adolescente en el ámbito clínico, el primer contacto llega de parte de un adulto referente, generalmente de algún familiar. Coordinar una entrevista (o varias) con él o ella, es fundamental para poder escuchar la demanda que trae, y distinguirla luego de la del sujeto adolescente. También es necesario analizar qué lugar ocupa el adolescente en esa familia, para esa madre, para ese padre, el papel que juegan los hermanos, ubicar elementos de su historia.

Miller (2015) menciona tres aspectos fundamentales de los cuales en psicoanálisis nos ocupamos en la adolescencia: la salida de la infancia, la diferencia de los sexos y la intromisión del adulto en el niño. En relación a estos tres puntos, el caso a caso mostrará al analista por donde dirigir la cura. Nos centraremos en la salida de la infancia y la intromisión del adulto.

La salida de la infancia

En referencia a la salida de la infancia, entre otras cosas, el sujeto en camino hacia el hallazgo del objeto, el encuentro con el otro, o con “el cuerpo del Otro” (Miller, 2013) se encuentra con el constructo que los padres o adultos referentes tienen sobre él como niño-que-está-dejando-de- ser. Por otro lado, tanto las presiones como las expectativas de los adultos referentes que le fueron y le son transmitidas, forman parte del proceso de elaboración psíquica del adolescente, y en algunos casos, pueden entrar en conflicto con su singularidad.

Podemos encontrar situaciones en las que es importante un trabajo analítico, para dejar de ser síntoma de la pareja parental y pasar a construir su propio síntoma. Padres que, sin fuerza, no ponen límite al deseo materno, y el sujeto adolescente se remite a ser capturado por el discurso de la madre y plegado a la construcción fantasmática. Otras veces termina siendo ubicado en lugar de objeto, no habilitando espacio para que exista un proceso de subjetivación. La intervención del analista puede pasar por acompañar en la separación de esa alienación, alojando al sujeto en el espacio analítico, separando sus dichos de los de los adultos, construyendo un síntoma analítico, poniéndolo al frente de su propio camino.

La intromisión del adulto

Este concepto que plantea Miller (2015) en alusión a lo mencionado por Lacan sobre “La juventud de Gide”, refiere a la anticipación- el anhelo- de la posición adulta en el sujeto en construcción que es el adolescente (Gregoret, 2018). Se trata de captar los momentos en que se intromete en el decir del adolescente, el adulto que el sujeto puede llegar a ser.

Miller (2015b) plantea que en psicoanálisis no se trata de apostar a una intervención que considera al adolescente un niño o un sujeto infantilizado, sino más bien apuntar “al adulto que hay en él, apostar a que no demanda más que tomar la palabra” (p.12).

Es en el despliegue del discurso y en la escucha de los significantes, que se irá recortando aquello que apunta a ubicar una responsabilidad subjetiva del adolescente frente a sus propios procesos.

Algunas reflexiones

Es fundamental considerar que el trabajo analítico con adolescentes, requiere un especial énfasis en acompañar ese trabajo psíquico de transformación, en el que emerge algo nuevo y que en muchos casos puede ser productor de malestar en el sujeto. Analizar qué se moviliza, qué cuestionamientos genera, dónde se ubican nudos problemáticos y qué aspectos se juegan en ellos. En un primer momento la participación familiar en la demanda de análisis será necesaria, pero será importante apuntar a la perspectiva del paciente sobre lo que lo aqueja, y de qué manera se encuentra atravesando el trabajo psíquico de la adolescencia.

El trabajo con adolescentes exige cierto cuestionamiento sobre la temporalidad, y esto hace que debamos interrogarnos en cada intervención, ¿hasta dónde se analiza con los adolescentes? Entiendo que siempre existirá la posibilidad de un trabajo analítico posterior.

Como se viene planteando, la intervención analítica será ajustada a la singularidad del proceso con el analizante, y hasta donde el trabajo psíquico de transformación en ese adolescente exija la intervención de un analista, es decir, hasta donde ese trabajo psíquico franquee los límites del sufrimiento soportable para ese sujeto.

BIBLIOGRAFÍA