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Revista Repique

Repique #3

Entrevistas preliminares: sobre su función e importância

Sofía Muñoz Valecka

Encuentro esta instancia favorable para poner en marcha la escritura y dar paso a las preguntas que toman lugar, sobre temas fundamentales a nivel teórico y en la práctica.

Frente a la dimensión e importancia de las entrevistas preliminares en un proceso de análisis, surgen algunas interrogantes respecto a su utilidad y finalidad.

Recurriremos a los textos de Freud y Lacan.

Freud nos habló de un “ensayo previo”, necesario antes de la entrada en análisis. Lacan propuso lo que conocemos cómo entrevistas preliminares, en la medida en que haya un franqueamiento de ese “liminare”, que en latín significa umbral.

Ante la llegada de cada nuevo paciente surgen interrogantes. ¿Cómo recibir a un paciente la primera vez?, ¿qué decirle?, y fundamentalmente, ¿qué no decirle?, ¿cuándo comienza un análisis? Preguntas que serán fundamentales trabajar en tanto motor del aprendizaje teórico y clínico; reconociendo lo no sabido y aquello por saber.

En relación a la llegada de un paciente Freud plantea, hace un siglo atrás, que existe un rechazo estructural del saber inconsciente. Cómo plantea E. Sinatra en su libro, “Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis”, “el rechazo a saber vale para todos,…nadie quiere saber, de verdad, aquello que le pasa. La última formulación de Lacan respecto del síntoma cómo modo de gozar, no hace más que ubicar la dificultad más grande que hay en el psicoanálisis: qué en el mismo lugar en el cual se padece, genuinamente, se obtiene alguna satisfacción…Si bien ya no es la época de Freud, vemos que las resistencias al psicoanálisis no son sino las resistencias a querer saber sobre “eso qué me pasa”. (2017, p.101)

Vayamos a Freud. Es importante situar en qué momento histórico se refiere al tema que nos convoca. Buscando dar algunos consejos a los analistas, presenta Freud su texto “Sobre la iniciación del tratamiento”. Es un texto escrito en Viena en 1913. Contexto en qué Freud desempeñaba su práctica. Quien llegaba a su consultorio, dirigía su demanda desde el modelo médico, es decir, buscando una respuesta desde el saber- qué nombramos discurso amo- sobre lo qué le sucedía. Podemos pensar, desde este escenario el saber lo tiene el analista, no quien consulta.

Freud, innovador, fiel a su estilo, les dirá a sus pacientes, “antes que yo pueda decirle algo, cuénteme lo que usted sabe sobre usted mismo”, inaugurando de esta forma las condiciones para qué quien consulte pueda reconocerse en el lugar del saber acerca de lo que le pasa, en presencia del analista, pero no dirigiendo su demanda a la persona del analista. En este sentido, en su texto “Sobre la iniciación del tratamiento”, Freud dirá lo siguiente, “Quien pretenda aprender por los libros el noble juego del ajedrez, pronto advertirá qué solo las aperturas y los finales consienten una exposición sistemática y exhaustiva, en tanto que la rehúsa la infinita variedad de las movidas que siguen a las de apertura. Únicamente el ahincado estudio de partidas en que se midieron grandes maestros puede colmar las lagunas de la enseñanza. A parecidas limitaciones están sujetas las reglas que uno pueda dar para el ejercicio del tratamiento psicoanalítico. En este trabajo intentaré compilar, para el uso del analista práctico, algunas de tales reglas sobre la iniciación de la cura. Entre ellas habrá estipulaciones qué podrán parecer triviales, y en efecto lo son. Valga en su disculpa no ser sino unas reglas de juego que cobrarán significado desde la trama del plan de juego.”(1931, p.125)

En esta cita observamos la metáfora de Freud. El análisis cómo un juego de ajedrez. Desde esta perspectiva nos invita a pensar, que sólo las aperturas y los finales permiten una exposición sistemática, mientras que las movidas del medio pueden resultar tan infinitas cómo las decisiones de los jugadores. Soportar y vérselas con lo inesperado: la incertidumbre. Pero no será simplemente un juego azaroso. Cada movimiento tiene que tener su lógica, sabiendo que tendrá efectos. Los qué serán observados luego de cada partida. Será necesario entonces tomar decisiones.

Sobre un sujeto ético (no sin su síntoma)

Miller plantea que uno de los elementos a obtener en las entrevistas preliminares es la elaboración de una envoltura formal del síntoma. Es una forma de hablar del síntoma analítico. Ese síntoma que pasa de ser considerado un mensaje, a ser una manera de gozar. Y de lo que se trata cuando uno va a comenzar su análisis, es de formalizar aquello de lo cual se padece. El sujeto sufre, padece, pero encuentra allí su satisfacción. Estamos aquí frente al concepto de goce, del que habla Lacan.

Envoltura formal, remitirá para Miller a algo envuelto: la materia gozante, lo que lo envuelve al síntoma es el significante. Se tratará entonces de rastrear cuales son los significantes articulados a ese sufrimiento, pudiendo determinar como el sujeto nombra su padecer.

Este primer tiempo de las entrevistas preliminares es un tiempo en el que el analista formulará la estrategia en relación a la transferencia, y más allá de una primera evaluación diagnóstica, buscará posibilitar la "rectificación subjetiva".

Se tratará de la ubicación del sujeto con respecto a su queja y su demanda; de la vinculación del sujeto con el Otro. Como en el caso Dora, sobre el que nos cuenta Freud, donde buscaba apuntar a que pudiera encontrarse con la parte que le tocaba a ella en aquel desorden del cual sólo se quejaba. Será así que pasa de quejarse de los otros a poder quejarse de sí misma.

Se trata entonces de escuchar las quejas del sujeto para que éste pueda percibir el vacío, el sin sentido en torno al cual gira su acción. Un trabajo en relación a la búsqueda de los significantes primordiales en la historia del sujeto-significantes amo-que lo determinan, sin que se hubiese percatado de ello.

En las entrevistas preliminares se busca la subjetivación de la demanda de análisis, de modo qué, esa queja con la que llega el sujeto inicialmente, pueda transformarse en una pregunta. El camino entonces planteado será, la transformación de la queja en una pregunta.

Se trata de un posicionamiento ético. El sujeto se torna responsable de lo que le pasa. Un sujeto ético es precisamente alguien que se hace responsable tanto de lo que hace como de lo que dice. Y nuestro trabajo es con el sujeto, sujeto del inconsciente.