Tel. +59 8 2900 9464 secretaria@glm-uy.org Río Negro 1354 - Of. 40, Montevideo, Uruguay

Revista Repique

Repique #3

Una Experiencia del decir, la experiencia Analítica

Alejandra Casavieja

Miller lo plantea desde el inicio, afirma que es el problema del psicoanálisis, al encontrarse el analista en la clínica, entre la evidencia de una práctica y el misterio del Inconsciente. En la experiencia analítica el sujeto va significando su propia historia. Supone un movimiento que ordena la cadena de significantes, que va produciendo efectos de sentido y que en el proceso analítico dará lugar a ciertos cambios en el sujeto; pero también deja aproximarse a lo que está por detrás de todo enunciado. Es aquí donde se encontraría el significado; este alude a lo que refiere la palabra, pero no es una referencia perceptible; se relaciona con el goce y la pulsión. El problema está en lo que obstaculiza entre la evidencia y el misterio, “es en este lugar donde se produce el recurso de la cita que viene a colmar lo imposible del decir”. [1] El analista deberá entonces reconocer las dificultades que se le presenta en la clínica. En este sentido dirá Miller, (…) “Es mejor aceptar el obstáculo que encontramos para dar cuenta de la experiencia analítica, reconocerlo, amarlo.” [2]

Nos encontramos en la clínica con un sujeto del lenguaje, de la palabra, dividido y cambiante, que en una sesión habla, se dirige a un Otro, donde deja ver sus quejas, sus padecimientos, su angustia y la insistencia de los síntomas. ¿Pero qué hay detrás de todo decir? Es aquí donde la escucha adquiere relevancia en la práctica clínica. El sujeto de la palabra que uno crea en el análisis una vez entrado en el discurso analítico, es móvil al hablar, se forma un circuito donde se mueve el significante; la palabra circula “hacia el Otro o desde el Otro” [3] son los llamados desplazamientos; en ella se percibe la inercia (…) “término descriptivo utilizado por Lacan para designar lo que no cambia en la experiencia” (3) y que en su recorrido volverá siempre al mismo lugar. En la escucha el analista deberá saber leerla para atender al goce en su dos dimensiones, la del habla y la del síntoma; y la constante lógica S1 y a.

El S1 – a será el problema central de un análisis, dar cuenta de ello plantea un verdadero dilema, más aún si el analista está en los comienzos de su práctica Clínica. Miller substrae estas conceptualizaciones de la experiencia de manera aislada para su mayor compresión lógica; refiere a dos inmovilizaciones del sujeto, el a que funciona en el fantasma y el S1 como constante simbólica del sujeto, que separado de la cadena significante es el Uno sin el Otro. Lacan lo llama significante Amo o rasgo Unario para distinguirlo de los demás significantes S2. Es en tanto identificación fundamental, a través del recorrido es dificultoso acceder a ella, sin embargo el analista irá aproximándose al S1, que solo se lo puede ver al final de un análisis. El S1 importa como identificación, porque determina la historia del sujeto en sus elecciones y su forma de relacionarse.

EL a queda del lado del goce indicando la satisfacción pulsional, en su dos vertientes, expresando la satisfacción en el cuerpo y en el sufrimiento. Lo más importante de a es que el sujeto lo coloca afuera, en el Otro, ante la imposibilidad de poder reconocerlos como propio, es lo que llaman éxtimo, lo más interno puesto afuera, y lo más externo puesto adentro..

Nos servimos del ejemplo de Lacan del grito al llamado para explicar la importancia de la llegada del primer significante al sujeto, es un acontecimiento en el cuerpo, que genera goce, marcando la primera identificación y que aparece sin sentido.

También nos sirve para indicar el lugar que tiene el Otro que interpreta, le da un sentido al sujeto frente a la demanda. Nos ubica en la primer enseñanza de Lacan donde (…) “el lenguaje considerado a partir de sus efectos de sentido.” (…) el sentido se plantea como el sentido del Otro. Agrega Miller (…) tomar el campo del lenguaje, distinguir en él al significante del significado y aislar así la función del Otro.” [4]

Es la tarea del analista en la experiencia clínica despejar al Otro que el sujeto trae en su discurso, podría aproximarnos como el analizante es hablado por el Otro. S1 – a es la insignia, es el sujeto mismo en un análisis, en él se percibe el goce y el modo en el que se presentan los significantes. Acerca del síntoma Miller plantea dos formas diferentes de acceder, como mensaje a develar y como sentido gozado. “Cuando uno entra en el campo del lenguaje, desde el punto de vista del sentido, esto tiene enseguida relación con el Otro como sentido del Otro. Pero cuando uno entra en el campo del lenguaje por la escritura, considerada a partir de la letra como goce, no hay ya relación con el Otro.[5]. En la experiencia analítica Lacan descubre que existe otro sentido, que es el sentido gozado, afirma que no alcanza interpretar a través de los significantes buscando el sentido del deseo – del Otro del sentido del deseo- agrega que se deberá escuchar de otra forma en el que se presenta el síntoma, manifestándose del lado del goce.

Por lo tanto la conexión entre el goce y el significante Amo se expresa en la pareja lógica (S1, a) considerada como síntoma. En esta nueva perspectiva al síntoma se lo definirá como un modo de gozar del inconsciente.

Pensar la experiencia analítica re - ver lo que se genera en el encuentro con un Otro analizante nos posiciona desde una ética, el analista ha de estar atento a la escucha y a las contingencias, saber hacer es la clave para sobrellevar los obstáculos que se imponen en la practica clínica.