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Revista Repique

Repique #3

... y con los padres ¿que?

Javier Grotiuz Scarella

¿Como se inician los análisis con niños?

¿Primero se tiene una entrevista, o varias a solas con los padres, para luego recibir al niño?

¿Se recibe al niño a solas en la primer consulta?

¿Que lugar dar a los padres en el dispositivo analítico?

En el principio hay la transferencia decía Lacan, y junto con ella, la demanda de los padres, agrego yo.

Atender a ambas está en el instante de ver a todo tratamiento posible con niños. No escuchar la demanda inicial, intentar rectificarla rápidamente, o no atender el lugar que le dan al analista en las primeras entrevistas puede llevar a que se termine antes de empezar.

El inicio de un tratamiento puede traer aparejado innumerables variables dependiendo de los motivos de consulta, pero lo seguro es que el que realiza la demanda inicial va a esperar que en algún momento le retorne algo como respuesta.

Por ejemplo: es frecuente que se consulte por problemas de aprendizaje, (en muchos casos derivados por la escuela), preguntando el por que le va mal en la escuela, pidiendo informes, diagnósticos, etc. Queriendo llevarse eso.

Al comienzo, se ubicará al analista en el lugar de saber sobre lo que le acontece al hijo, y se dirigirá el discurso en una linea que puede traducirse en las preguntas: ¿que le pasa? O si se sienten más responsables: ¿que hice mal? O ¿que puedo hacer? Aunque esto ultimo no es lo más habitual.

Hay que escuchar a los padres, pero el trabajo clínico psicoanalítico implica por sobre todo escuchar al sujeto. Más aliá de su edad, lo que importa son sus tiempos... logicos, especialmente cuando se analiza a niños.

Es fundamental tener en cuenta, la ilusión de completud que un hijo despierta, buscando verse colmada de distintas formas, encontrando posteriormente la respuesta del niño que según sea más o menos dentro de lo esperado podrá generar reacciones diversas y abrir diferentes caminos. Entonces hay un Otro que propone y el niño que responde en tanto que sujeto, diciendo que si, o diciendo que no.

¿A que responde? A ser lo que esperan de el, a ser lo que le falta al Otro y completarlo (siendo el falo imaginario).

La clínica muestra los avatares que puede traer este tiempo, y sus consecuencias graves en algunos casos. Se puede ver los desajustes de la relación entre padres e hijos y como evidencian, una complementariedad imposible. Si para la carpintería que dos piezas encastren perfectamente es el ideal, considerando como una falla que hagan “juego”, para la estructura del sujeto es al reves, si hay acople se produce una falla... grave.

Es que el desfiladero por el cual el sujeto se ira gestando tiempo a tiempo, se juega en relación de dependencia con el Otro Real: los padres. En una delicada dinámica de encuentros y desencuentros surgirá (o no) la alternancia del objeto, alternancia necesaria para hacer surgir los tiempos del sujeto, pasando de serlo a tenerlo o no tenerlo.

Los tiempos lógicos del nacimiento del sujeto y del Otro indican que hay un momento en que el sujeto se ve confrontado a lo que Lacan llamo: la insondable decisión del ser, implicando una respuesta a lo real del encuentro con el goce, el deseo del Otro y el traumatismo de lalengua.

¿Que significa esto?

Que en algún punto todos somos responsables por la respuesta que damos en ese encuentro, lo cual quedará como un primer punto de fijación. Habrá otros más adelante, posibilitando las maniobras del analista, del sujeto y también de los padres. De lo que hacen los padres y lo que se hace con ellos es lo que me interesa trabajar hoy con ustedes.

Los primeros encuentros con los padres darán algunas pistas sobre el lugar en que ubican a ese hijo, asi como también en que lugar se ubica ese hijo para ellos, lo cual tendrá consecuencias en la dirección de la cura, osea hacia donde ir y fundamentalmente por donde no hay que ir.

Se constata que la posición de objeto es una de las posiciones posibles y necesarias (en un principio) en relación al Otro, y que el primer estado del sujeto es ser objeto en el discurso del Otro, constituyéndose a partir de los significantes del Otro. Entonces cada una de las 3 grandes posiciones que llegue el niño: como objeto en el fantasma, como síntoma de la pareja parental o como falo de la madre, nos dirá algo sobre la estructura del sujeto: psicosis o autismo, neurosis y perversión respectivamente. Se puede ver que hay grados entre lo que seria una posición que va de objeto de goce (objeto a), a sujeto de deseo ($).

Es inevitable la incidencia en cada uno de los tiempos de la infancia, no solo del deseo de los padres por un hijo, sino también del deseo de los padres entre ellos, del amor y del goce entre ellos y con el hijo. Esto se va revelando en las entrevistas con los padres, constituyéndose en imprescindibles para algunos casos a lo largo de todo el tratamiento, especialmente para los casos graves de autismo y psicosis.

Jacqueline Berger, madre de dos gemelas con autismo, en su libro “Salir del autismo” dice:

«Cuando, día tras día, nada va como debiera, cuando día tras día, los hechos y los gestos se cargan de angustia porque el niño no responde o coge rabietas insondables, cuando todo es complicado, vestirlo, lavarlo, darle de comer, jugar, pasear, dormirle, cuando los actos más banales de la vida cotidiana toman de improviso la andadura de un cataclismo, cuando la salud está cada día en juego, los padres viven una pesadilla» (pág. 93).

“Todas estas actividades son siempre fundamentales en la historia de un sujeto porque forman parte de la constitución de su subjetividad. A través de ellas se consolida la relación con el cuerpo, con la satisfacción, pero también con el lazo social” (Ivan Ruiz)

Cuando, en definitiva, el niño depende para casi todas sus necesidades del cuidado del adulto y justo ahí se instala la negativa del niño a recibir nada del Otro, las dificultades, entonces, se hacen gigantescas. Es muy frecuente que estos padres se sientan lógicamente sobrepasados, desbordados y sin saber bien que hacer.

Ante esta situación generalmente aparecen dos tipos de respuestas.

Pueden justificar esas dificultades, minimizarlas, diciendo que es un problema del desarrollo, de inmadurez, o que son rasgos exagerados de su hijo, o por otro lado aparecen comparaciones de su hijo con los otros niños de su edad, evidenciando las claras diferencias, encendiendo las señales de alarma y gestando una consulta.

Que haya una pregunta ya es importante, pero en muchos casos solo se sustenta en si sera inmaduro, en aprendizajes a adquirir, o en un cuerpo inquieto y entonces nuestra misión encomendada (que por supuesto no realizamos) es enseñarle a comportarse, educarlo, domesticarlo.

En otros casos surgen preguntas sobre la responsabilidad de los padres en lo que le sucede al hijo, pudiendo abrirse dos caminos contrapuestos. Por un lado que esa implicancia devenga en una gran culpa, lo cual genera mucha angustia e incluso inoperancia y por otro lado y esto es lo mejor que puede pasar, los padres se preguntan que pueden hacer (o cambiar ellos) para ayudar a su hijo.

En los casos más graves, lo primero y lo que más le preocupa a los padres es como hacer para resolver las dificultades que se presentan en el día a día. Momento difícil y muy importante, fundante de las bases de lo que pueda llegar a ser en adelante una relación posible entre padres e hijos.

Por tanto hay que alojar eso, escuchar en que lugar esta este hijo para sus padres pero tomando en cuenta la urgencia presente y por tanto alguna respuesta por el lado del saber hacer tiene que haber, para que salgan de la impotencia y el sufrimiento.

Hay que reconocerles que ellos son los que conocen mejor a su hijo, y tienen información privilegiada sobre como su hijo responde a cada situación determinada.

Hay que dar lugar a las invenciones del sujeto, pero también a la de los padres. Se encuentran algunos con mucha creatividad para sortear las dificultades cotidianas y una tarea posible del analista es decirle que si, no solo a la invención del sujeto sino a la de los padres.

Las intervenciones posibles con padres son innumerables, tantas como padres, pero para terminar les quiero dejar los siguientes ejes a considerar:

Desangustiar-angustiar.

Desculpabilizar-responsabilizar.

Descubrir su saber hacer (y lo que no hay que hacer).

Incluir- excluir y acotar el goce.

Dar lugar a una pregunta, al no todo sobre su hijo.

Implicarlos en el síntoma.

Ver relación padres con objetos a.

Hay un trípode importante a tener en cuenta: el sujeto, su modo de satisfacción y su relación al saber. La forma que adquiere el discurso, va bordeando los significantes indecibles y muestran la modalidad de goce, siendo valido tanto para padres e hijos.