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Revista Repique

Repique 5

La tecnología fuera ¿y dentro del consultorio?

Leticia Reina

En los tiempos que corren el uso de la tecnología ha tomado mayor protagonismo en la vida cotidiana de las personas, tanto es así que ocupa un lugar preponderante en la clínica actual.

En el trabajo con niños y adolescentes permanentemente nos encontramos con la demanda de padres o adultos referentes, que se presentan con la queja respecto del uso de los dispositivos tecnológicos en sus niños, durante un tiempo muy prolongado, así como también la dificultad para poner límites con respecto a esto.

Como practicantes del psicoanálisis no podemos estar ajenos a la subjetividad de la época, parafraseando a Lacan, ya que estaríamos negando una realidad imperante, que se nos cuela por los postigos del consultorio.

Cada vez que un niño intenta introducir los aparatos tecnológicos en el consultorio me pregunto: ¿qué responder en este caso? Y es esta pregunta la que me hago ahora con ustedes para intentar pensar juntos al respecto.

La clínica de la hipermodernidad:

Tomo este subtítulo de la conceptualización de Lipovetsky, que encuentro oportuna para comenzar a pensar sobre los sujetos con los que nos encontramos en la clínica actual. Lipovetsky señala que la posmodernidad ha quedado atrás, estamos en la época de la hipermodernidad. Ésta se caracteriza por el hiperconsumo y el individuo hipermoderno, quien es empujado a consumir para su satisfacción pulsional.

El SXXI es caracterizado por sus avances científicos y tecnológicos, que sitúa en un lugar de primacía a la virtualidad, colocando en un lugar de predominio a la imagen, pero no cualquier imagen, la imagen en la pantalla. Ésta es comandada por el discurso capitalista que empuja a los sujetos al consumo de un bienestar que puede ser comprado en el mercado. Pero no solamente sucede esto de manera aislada, sino que también es reflejado en cambios a nivel de la estructura familiar. “(...) la familia como tal, ha dejado de ser el vehículo privilegiado de la transmisión generacional y la fuente de identificaciones. Así, el sujeto sin referentes simbólicos se encuentra en una época signada por la crisis de las normas, frente a un Otro que se desvanece.” (Sierra, N. et.al. 2019, p 116)

Según Miller en “El Otro que no existe y sus comités de ética”, (2018, p.19) Tras la caída del Otro, el sujeto queda condenado a la caza del plus de gozar, siguiendo el imperativo de la civilización de consentir a un goce ilimitado.

El uso de la tecnología y las manifestaciones sintomáticas en los niños:

En el análisis, se trata de dar lugar al discurso del niño, escuchar lo que trae, conocer sus formas de jugar, alojar ese despliegue para así poder captar los significantes que comandarán la cura. A diferencia de las terapéuticas que intentarían eliminar el síntoma del niño, desde la orientación lacaniana lo invitamos a entrar al consultorio, para trabajar con él.

Podemos decir que no todo lo que parece no funcionar en el niño desde el relato de sus referentes adultos constituye en sí un problema para él, de lo que se queja el adulto no necesariamente es lo que al niño le hace padecer. Para el psicoanálisis el síntoma tiene una función “es necesario que ese síntoma se convierta en un llamado al Otro, busque un sentido a ser descifrado para que se convierta en un síntoma analítico y no quede encapsulado en su propia satisfacción” (Sierra, N. et.al. 2019, p.32)

Bassols tomando las palabras de Miller, dice que para el discurso analítico el niño es un sujeto supuesto saber, al igual que el adulto. El saber que trae y las preguntas que se hace el niño es lo que nos interesa y con lo que vamos a trabajar en el dispositivo analítico. Es importante escuchar a la infancia como un sujeto supuesto saber, lo que implica tomar al niño como un ser que habla, responsable de un deseo y un goce que lo habitan. (Bassols, La infancia bajo control. Lacan Cotidiano N° 217, 2012).

¿Qué función cumple el uso de la pantalla para el niño?

Constantemente los niños hacen entrar al consultorio los objetos tecnológicos con los que juegan, nos hacen partícipes de su forma de gozar, de la que me pregunto ¿Cuánto habrá que ser espectador?.

Nos invitan a jugar con ellos, nos muestran los juegos que tienen descargados, a mirar los videos de diferentes youtubers que “enseñan a jugar” y hasta quedan captados con este mirar a otros jugar. En algunas ocasiones los analistas somos colocados como este que mira al niño jugar, o que pide que lo filmen para hacer un tik tok, u ocasionalmente ser su partenaire de juegos virtuales. Me pregunto: ¿Qué nos puede decir esto respecto del programa de goce del niño? ¿Qué lugar tiene aquí el objeto mirada en estos casos recién mencionados?¿cuándo dejar entrar a los aparatos tecnológicos y cuándo no? ¿por cuánto tiempo? ¿Es algo que se puede planificar anticipadamente?

Sin dudas que no existe una regla para poder manejar esta situación para todos por igual, sino que tiene que ver con la singularidad de cada encuentro con cada analizante y con cada nuevo encuentro con un mismo niño ya que será lo que oriente la dirección de la cura.

Para finalizar, tomo una cita de Gustavo Stiglitz que me resulta muy pertinente para las interrogantes que emergen de este recorrido:

“hacerse partenaire del fanático de la imagen e introducir la posibilidad del amor de transferencia, ya sea como amor al saber o como nueva forma de tocar el cuerpo, tiene como condición necesaria descompletar la compulsión que ha tomado el lugar del circuito pulsional. Así, a favor o en contra del objeto tecnológico se transforma en una falsa opción. No se trata de forzar lo que convendría al analizante (tecnología sí – tecnología no), como de forzar al semblante que convenga para que toque lo real pulsional.” (Un fundamento libidinal de las soledades actuales. Virtualia 30 2015)

Esta cita introduce la dimensión de la transferencia como motor para la cura y posibilitadora de hacer surgir algo nuevo desde el encuentro de uno a uno que se genera con el niño, sin olvidarnos también de la transferencia con los padres.

El debate de tecnología sí, tecnología no, sería una batalla sin sentido, sino más bien sería tecnología cuándo, cuánto y por qué.

Del lado del analista queda la invención que surgirá de lo singular del analizante, reinventar el psicoanálisis, apostando con los semblantes que sean necesarios poner en juego en cada momento (cuándo hacer semblante de interés, de aburrimiento), según la modalidad de goce del niño. Ocasionalmente es necesario prestar nuestros cuerpos al juego virtual, siempre y cuando sea acorde a la cura, sin dejar de lado el caso a caso como brújula para dirigirla.

BIBLIOGRAFÍA

  • Bassols, M. (2012) La infancia bajo control. En Lacan Cotidiano, Nº 217. Recuperado de: http://www.eol.org.ar/la_escuela/Destacados/LacanQuotidien/LC-cero-217.pdf
  • Brodsky, G. (2019) El elogio de la virtualidad. Buenos Aires, Argentina: Virtualia #37.
  • Urriolagoitia, G. (2012) Niños súbditos de las imágenes por el poder de la mirada. Bitácora Lacaniana, N° 4, Sinthome y cuerpo hablante. Buenos Aires, Argentina: Grama ediciones.
  • Miller, J. A. (2018) El otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires, Argentina: Paidós.
  • Sierra, N.A; Ruiz, M.V; Schiavetta, L.N; Delfino, D.A. (Comp.)(2019) El niño y la subjetividad contemporánea. Intervenciones Psicoanalíticas. San Luis, Argentina: Nueva Editorial Universitaria.
  • Stiglitz, G. (2015). Un fundamento libidinal de las soledades actuales. Buenos Aires, Argentina: Virtualia #30.
  • Tarrab, M. (2018) La mirada de las imágenes. Textos psicoanalíticos. Buenos Aires, Argentina: Grama ediciones.