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Revista Repique

Repique 5

De la queja neurótica a la responsabilidad subjetiva

Angélica Gioia

Día a día mi labor me lleva al encuentro de la singularidad que propone cada paciente, cada analizante que llega a su sesión. Cada encuentro que presencio es distinto, único e irrepetible.

A menudo, en el discurso del analizante surge una queja a cerca de su “padecer”, en la cual poco se involucra, culpando a los otros de su sufrimiento y lo que es de él. Me es usual escuchar, que ésta dinámica se prolongue y se repita una y otra vez, en el trascurso del análisis, dando cuenta de la conflictiva que cada uno posee.

Es mediante nuestras intervenciones, que les proponemos pensarse y comenzar a desentramar ese padecimiento, pues, creo que vale le pregunta, ¿cómo interviene aquí el analista para que eso se lleve a cabo?

Para poder reflexionar acerca de esta compleja pregunta, la cual no abarcaré en toda su amplitud, considero relevante, ir un poco más allá de ese encuentro que “aparenta sólo de dos”.

Es fundamental, tener presente, que las personas somos la construcción de una continua interacción, la cual se enraíza en la dinámica familiar y su entorno social a través del lenguaje. Es allí, que comienza la incidencia de este gran Otro, visualizándolo como algo que se va instaurando paulatinamente desde niños a través del lenguaje, quien va procurando de sentido a las emociones y a esa cotidianeidad. Si bien, la influencia del Otro en la construcción del ser y de sus significantes es innegable, resulta esperable, que en el análisis se susciten diferentes situaciones y movimientos, que favorezcan al surgimiento del sujeto, adquiriendo una posición subjetiva y responsable de sí.

Lo antes mencionado, se desplegará bajo una necesaria y peculiar relación, en la que se inscribe la transferencia. Al decir de Miguel Bassols, “… este es el momento en que la transferencia emerge como un fenómeno en el tratamiento, por lo general como la pregunta por el deseo del Otro. El analista es quien puede asumir esta pregunta que constituirá un nudo en la relación del sujeto, no a un objeto originario, sino al propio inconsciente.”

Tomando los planteos de Lacan, lejos de ser una relación simétrica y dual (la cual se desplegaría en un registro imaginario). La relación analizado – analista reviste de asimetría, en donde no hay un vasto o directo entendimiento, dado por la introducción del inconsciente, del Otro… planteándose así, un nuevo registro: el registro de lo simbólico, el cual será relevante para el desarrollo del análisis, donde la intervención del analista tendrá un papel preponderante, intentando cortar con esos significantes, que lo posicionan, una y otra vez en el mismo lugar, en ese lugar de la queja pasiva.

Simultáneamente, se pone en juego El deseo del analista. Aparece como una función fundamental, la cual habilita que el inconsciente del sujeto emerja, desde donde va a poder pensarse y comenzar a responsabilizarse de sí, llamándolo a la producción de sentido, dado que ahí está el sujeto. En el cómo interviene el analista, está depositado este deseo, absteniéndose de cargar de sentido o conclusiones a lo que el paciente dice.

Nada sabemos lo que se padece allí, Lacan la llama la alienación del discurso, lo que el analizante tiene armado, esa cadena de significantes, de la cual poco sabe, siendo la tarea del analista, hacer de semblante, para que esto se despliegue, pudiendo, en el mejor de los casos, moverse de ese antiguo lugar, dando un nuevo sentido a esos significantes, responsabilizándose de su subjetividad, como actor activo de su propia historia.

Mediante la interpretación, la tarea del análisis es romper lo petrificado, es aislar esa cadena de significantes, esos lugares de la identificación en las que el analizante se instala. Se trata de entrar en un “sin sentido”, para poder moverlo de ese lugar.

Etimológicamente, puede describirse al movimiento, como “Estado de los cuerpos mientras cambian de lugar o de posición”, también como “Conjunto de alteraciones o novedades ocurridas, durante un período de tiempo, en algunos campos de la actividad humana. Retomo finalmente el título de éste trabajo, el cual considero que refleja un sentido de movimiento constante, un pasaje dinámico y necesario, que refleja las características dinámicas que reviste el inconsciente.

BIBLIOGRAFÍA

  • Bassols, M. “Las paradojas de la transferencia.” Virtualia 29, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, (Buenos Aires) 2014.
  • Diccionario de la Real Academia Española.
  • Lacan, J. (1958) “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Escritos 2, (Buenos Aires) Siglo XXI Editores. Capitulo II ¿Cuál es el lugar de la interpretación?, Capitulo III ¿Cuál es la situación actual de la Transferencia?
  • Freud, S. (1915) “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia”. Obras completas, tomo XII, (Buenos Aires) Amorrortu Editores.