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Revista Repique

Repique 5

Lo errante del sujeto

Franco Garcia

Al momento de iniciar la escritura de este trabajo, me encontré en la encrucijada de tener que abordar un tema fundamental y tan amplio como lo es la transferencia en psicoanálisis en acotadas líneas. Por lo cual debía trazar cierto lineamiento que propicie un abordaje pertinente, preciso y condensado en cierto número de páginas. Heme aquí en dicha encrucijada.

Por estas razones, he decidido iniciar este trabajo prestando especial atención en la lectura de un artículo de Miquel Bassols (2014), denominado “Paradojas de la transferencia”, donde el autor pone énfasis en los dos niveles presentes en la fórmula de la transferencia elaborada por Lacan.

En esta ocasión, pongo foco en el nivel inferior de esta fórmula, donde se sitúan algunos significantes que se encuentran ordenados en serie. Esta, es la serie de significantes propia de la historia del sujeto. En este punto, aparece en el artículo la siguiente interrogante: ¿Y dónde está el sujeto? El autor responde que se encuentra allí, en ese despliegue de significantes que se concatenan uno tras otro, donde se hace esencial la presencia real del analista en la escena.

Esta interrogante me llevó a formularme otra, quizás un tanto sustancial, no dónde está ese sujeto, sino más bien ¿A qué nos referimos cuando aludimos al sujeto en psicoanálisis? Este planteamiento me llevó a indagar en diversas fuentes sobre la concepción del sujeto.

En primer lugar, este recorrido me permitió delimitar que la noción de sujeto en el psicoanálisis, es algo que está a lo largo de toda la obra de Lacan, tal vez, el esfuerzo de toda la enseñanza del propio Lacan es establecer y circunscribir cada vez más, de qué sujeto se trata en la experiencia analitica, diferente al que puedan tener otras teorías o disciplinas. En este punto, Lacan (1987) plantea en su seminario XI, lo siguiente:

El psicoanálisis no es ni una Weltanschauung (cosmovisión), ni una filosofía que pretende dar la clave del universo. Está regido por un punto de mira particular, históricamente definido por la elaboración de la noción de sujeto. Postula esta noción de una manera nueva, regresando al sujeto a su dependencia significante. (p.85)

Se comprende que la concepción de sujeto tiene un punto nodal, clave a la hora de pensar el psicoanálisis, resulta interesante que la noción de sujeto presenta un carácter totalmente novedoso, es regresado a su dependencia significante nos señala Lacan. Y es que este punto es algo que produce una ruptura, por ejemplo, con otras disciplinas que abordan la cuestión del sujeto, entendiéndolo como un objeto de estudio, al cual se lo delimita, se lo reduce, se lo cuantifica.

Siguiendo esta línea, quisiera compartir la lectura de algunos versos presente en un libro denominado “El bardo bifronte”, cuyo autor es Leonardo de León, escritor y poeta oriundo de la localidad de Minas, Uruguay. El mencionado poemario, es una muy buena obra para dar cuenta de la infinidad de posibilidades del lenguaje, fuera de sus lógicas formales y rígidas.

Para esta ocasión, seleccione uno de los diversos poemas que encontramos a lo largo del libro, de León (2019) sobre el final del poema denominado “Hombre”, escribe las siguientes estrofas:

Pronombre de un enlace indefinido
neutral como el adverbio del idioma
posando entre los yermos de la coma

conjugo mal la vida que he escribido.
Ni azar ni caos, ni piel, ni sien, ni nombre
ni epítetos me rondan: soy el hombre (p.11)

Como nos plantea acertadamente el autor en su poema, no hay epítetos, calificativos que puedan nombrar al hombre, en este caso, al sujeto podríamos decir. A lo largo de la historia, a partir de las meditaciones de Descartes y la concepción de la ciencia moderna que en su afán explicativo, prescriptivo, clasificatorio y calificativo intentan incesantemente suturar la división propia del sujeto (Bonoris, 2019).

En la experiencia analitica, el sujeto es aquel que habla, es invitado a decir lo que se le ocurra, invitado a asociar libremente y a perderse en los laberintos del decir. Lo que sucede, es que en ocasiones este mismo sujeto es rebasado por sus propias palabras, diciendo más de lo que quiere realmente decir (Miller, 1979).

De esta manera, podríamos ubicar al sujeto en lo errático, en ese escribido que aparece en uno de los versos, podríamos situarlo de manera análoga a nivel de la experiencia analítica, en los lapsus del analizante. Es justamente en este punto donde se manifiesta la complejidad del asunto, allí donde emerge el sujeto, también desaparece.

El sujeto del inconsciente, en su carácter evanescente, resulta ser un sujeto indefinido, que posa entre los yermos de las coma, como nos señala el poema, ubicándose en ese lugar inhóspito, en esos intervalos del discurso, encontrándose para nuevamente perderse en el enjambre de los significantes.

Este es un punto fundamental, donde propicia la entrada en análisis, partiendo desde la posición de un no saber del propio sujeto. Desde un no saber qué pasa con su cuerpo o con sus pensamientos, en fin, un no saber que se vuelve enigmático para el sujeto, propiciando que de inicio la aventura analítica. Pero para eso, es necesario que en la escena esté presente alguien a quien se le suponga un saber. Como nos señala Miller (1987), llegado al caso, el analista se verá investido por el traje del Sujeto Supuesto Saber, pero, teniendo en cuenta que es tan solo un disfraz, un disfraz peligroso de aceptar sobretodo cuando el analista piensa que realmente le es suyo, cuando en realidad es una vestimenta alquilada, prestada.

En la actualidad, cada vez aumenta la pretensión social y de discursos en pro de la ciencia, induciendo y pretendiendo abolir las diferencias y singularidades, algo tan propio del sujeto. Se intenta domesticar la pulsión, que no haya agujeros, que nada se escape, que todo pueda ser encuadrado, nombrado, controlado e inscripto en vacuos y tediosos manuales. Ante todo esto, el analista se verá enfrentado a saber-hacer en transferencia, obrar con ese saber que se le supone de forma que esto sea operativo para el tratamiento analítico, ofreciendo sus dichos, lo más artesanalmente posible para estar a la altura de aquello que Lacan indicaba como el bien-decir del analista.

Para finalizar, considero que el dispositivo analítico es hoy día, ante todos los discursos que imperan, aquel espacio privilegiado, donde no se apuesta a suturar, a ligar lo errático del sujeto, sus “escribidos”, sino más bien a partir de allí situar otro sujeto, el nuestro, el sujeto del inconsciente.

BIBLIOGRAFÍA

  • Bassols, M. (2014, Noviembre). Paradojas de la transferencia. Virtualia. Recuperado de http://www.revistavirtualia.com/articulos/135/virtualia-29/las-paradojas-de-la-transferencia
  • Bonoris, B. (2019). El nacimiento del sujeto del inconsciente. (1ra edición) Buenos Aires, Argentina: Letra Viva.
  • de León, L. (2019). El bardo bifronte. (1era edición) Montevideo, Uruguay: Ediciones del Demiurgo.
  • Lacan, J. (1987). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós.
  • Miller, J. "Cómo se inventan nuevos conceptos en psicoanálisis" (1987). En Introducción a la Clínica Lacaniana. (2017) (6ª edición). Barcelona, España: RBA.
  • Miller, J. “La enseñanza de Lacan” (1979). En Seminarios en Caracas y Bogotá. (2015) (1ra edición). Buenos Aires, Argentina: Paidós.