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Revista Repique

Repique 5

Semblante D

Martin Pizzini

En esta oportunidad me resultó interesante pensar en las relaciones que podría haber entre la transferencia y el deseo del analista. El título elegido sugiere que “hacer semblante de” la demanda del analizante puede llegar a tener algo que ver con la transferencia analítica en su relación con el deseo del analista como soporte y causa del acto analítico, que es en definitiva lo que se pretende que se efectúe desde el lado del analista en un análisis.

Cómo dice Miller: “El analista soporta el acto anaìtico”[1]. Podemos decir que el deseo del analista es soportar el acto analìtico, con todo lo que ello implica. Entiendo la frase de Miller de tres maneras: primero, el acto analítico como lo que permite recibir al primer sujeto supuesto saber (SsS), el del inconsciente del analizante; segundo, el acto analítico como lo que permite la conformación del segundo SsS, el del analista, capaz de hacer semblante de lo que el analizante vaya solicitando en transferencia; y tercero, el acto analítico como lo que causa el deseo del analizante, que desemboca eventualmente en la transferencia de trabajo y el deseo de saber del analizante devenido en analista.

La transferencia es aquello de lo que el deseo del analista se sirve, en sus diversas aristas, para desarrollar y dar soporte a su acto. En este recorrido aparece el término de semblante. Lo entiendo como el instrumento necesario para articular el deseo del analista con la transferencia. Hacer como si. Y es como si porque dentro de las aristas de la transferencia están las de repetición y de resistencia.

Es en la escucha de esos significantes que van desfilando por el discurso del analizante que se va detectando la demanda del mismo respecto de estos significantes. Ahí es donde el analista se va “dejando tomar” por ellos para devolverlos al analizante, para que se implique. Para desarrollar esta tarea, como dice Lacan el analista debe “ocupar el lugar que le corresponde, definido como aquel que le debe ofrecer, vacante, al deseo del paciente para que se realice como deseo del Otro”[2].

Según el algoritmo de la transferencia[3], el analista parte de hacer semblante de ciertos significantes privilegiados para arribar al significante cualquiera, metáfora y referencia de la destitución subjetiva a la que apunta el dispositivo del análisis, cuando se va atravezando dichos signicantes en dirección de su detención. Y ese es devuelta el resorte del deseo del analista: “compartir”, si es que entra esa palabra, a través de su “cualquierizacion”, el resultado del análisis: la asunción de la castración (que es en definitiva la mencionada detención de la cadena significante, el no-hay-una-asociación-más).

En otras palabras, y como dice Susana Dicker, “La transferencia aparta la demanda de la pulsiòn. En cambio el deseo del analista la vuelve a llevar a la pulsiòn. Por esta vìa aisla el objeto a, lo aleja del I, lugar que el anaista es llamado a encarnar desde la transferencia”[4].

La transferencia es un obstáculo, en el sentido que pone un velo de demanda a la pulsión, e ingresa al sujeto en la deriva significante, impidiendo la asunción de su manera singular de gozar, de satisfacer la pulsión. Es entonces el deseo del analista, en su empresa de hacer semblante del I para luego evidenciar que no lo es, como se vuelve posible la asunción de la singular manera de gozar de cada individuo. O sea, no hay una sola manera de bien-gozar, la del analista, que serìa la ideal; sino que hay una singular manera de gozar de cada sujeto, a la que se intenta arribar y asumir en un fin de análsis, lo que implica la caida del analista de su lugar de semblante del I. Es como SsS que se abre un análsis y es como un desvelamiento de que era un supuesto como termina.

El deseo del analista no es ascéptico respecto del analizante: quiere algo de éste. No es escuchar por escuchar. Responde a la ética del psicoanálisis. Cómo dice Lacan: “El deseo del anañista es un deseo de obtener la diferencia absoluta”[5]. Por eso lo de dar testimonio, porque es con la invención de Lacan del pase con la que unos pueden decir a otros: “yo pasé por esto, yo lo viví así”. Medio por el cual lo que enseña el psicoanálisis se puede enseñar.

Llegado este punto me queda planteada la pregunta de qué sucede con el deseo del analista en un final de análisis. Se me vienen a la cabeza las palabras de un docente de facultad que decía: “trabajamos para quedarnos sin trabajo”. ¿La destitución subjetiva es también del analista en tanto que cae y que queda como resto de la opercion del análisis cuando es cualquierizado por el paciente? ¿Cómo opera el no-hay en el deseo del analista? ¿Quedamos como agujereados, lo que nos permite relanzar nuestro deseo de analistas en otros pacientes? Estas son algunas de las interrogantes que se decantaron del recorrido y que me harán continuar la búsqueda, en definitiva todo final tiene el gusto del no-hay-lo-que-llena, por suerte.

BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan J. (1960-1961) El seminario. Libro 8, La transferencia. Ed. Paidós. Argentina 2003.
  • Lacan J. (1964) El seminario. Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós. Barcelona 1987.
  • Lacan J. (1971) El seminario. Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante. Ed. Paidós. Argentina 2009.
  • Lacan J. (1966) “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista” en Escritos 2. Ed Siglo XXI. México 1983.
  • Lacan J. (2001) “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” en Otros escritos. Ed. Paidós. Argentina 2012.
  • Dicker S. (2011) Lecturas. “El deseo del analista”. http://www.revistavirtualia.com/articulos/339/lecturas/el-deseo-del-analista
  • Miller J. A. (2000) El banquete de los analistas. Ed. Paidós.

NOTAS

  1. Miller, J. A. El banquete de los analìstas. Pág. 173.
  2. Lacan J. El seminario. La transferencia. Libro 8. Pág. 125.
  3. Lacan J. Otros escritos. Pág. 266.
  4. Dicker S. 2011. Lectuas. El deseo del analista. http://www.revistavirtualia.com/articulos/339/lecturas/el-deseo-del-analista
  5. Lacan J. El seminario. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanalisis. Tomo 11. Pág. 284.