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Revista Repique

Repique #3

La sesión analítica, corta

Ana Inés Bertón Schnyder

En sus primeros escritos, cuando Lacan formula el inconsciente estructurado como un lenguaje parte del inconsciente freudiano, del inconsciente de la interpretación de los sueños que condensa y desplaza. El inconsciente sería, desde esta perspectiva, una concatenación de significantes que se unen siguiendo las leyes de la metáfora y la metonimia.

Un significante se dirige a otro significante y recibe de éste su significación por retroacción; formando un sentido.

Freud “descubre” el inconsciente a partir de sus fallas. Pensemos por ejemplo en el lapsus. Un paciente, cansado de las exigencias constantes y abrumadoras provenientes de su jefe, dice “siempre es lo mismo con mi padre”. La sorpresa de lo dicho lo incomoda porque no se cumplió su intención de decir, sino que emergió algo nuevo, desconocido para él.

¿Quién dijo “padre” en vez de “jefe”? Podemos pensar que el Yo quería decir jefe, pero el sujeto del inconsciente lo hizo decir algo distinto, y que aparece allí en esa vacilación, en esa discontinuidad discursiva.

La regla fundamental de la asociación libre permite que el sujeto se desplace, indeterminado, por la cadena significante, encontrando una y otra vez nuevos sentidos a su síntoma. El mismo Freud se percató que por la vía del sentido, un análisis puede ser interminable. Hay algo que insiste, que escapa al sentido y que por ende no puede ser tocado por la vía significante. El sentido adormece. El psicoanálisis mismo puede satisfacer el deseo de dormir del sujeto.

Para Freud, el sueño es el guardián del dormir, mientras que Lacan marca la función del despertar como una respuesta que persigue la finalidad de seguir durmiendo. Suena paradójico, pero no lo es. El despertar se produce cuando el sujeto se acerca al ombligo del sueño, algo de lo inasimilable se acerca, la angustia emerge y el sujeto despierta. Este despertar en la realidad lleva al sujeto a seguir durmiendo. Ya sea volviendo a dormir, olvidando el sueño y siguiendo con sus tareas cotidianas. Esto nos convoca hoy a la reflexión, buscándole un sentido al sueño de angustia.

Una mujer llega a consulta por primera vez. Rápidamente muestra las cartas obtenidas en terapias anteriores, se nombra “Yo soy…”, “si algo aprendí es a ser más…”, “está claro que a mi marido lo elegí porque…”. No importa la veracidad de estos sintagmas ya que la significación “se desliza a lo largo de la cadena significante. Su metonimia explica el “medio-decir” de la verdad”. (MILLER, 2014a, p.113)

La verdad no es lo que está en cuestión, lo que tiene que ser cuestionado es el sujeto. De una paciente que se dice “omnipotente” surge un “no puedo” que al marcarlo sitúa el punto exacto donde aparece algo del desconocimiento de su mismidad, cuestionando su delirio de identidad. Aparece la sorpresa.

La sorpresa es señal de que algo no se sabe. “¿Y entonces qué hago?” pregunta, a lo cual respondo “Volvé la semana que viene” y termino la sesión. En el instante en que el sentido se corta, emerge el sujeto, que luego buscará nuevas significaciones, porque, insisto, solo quiere volver a dormir.

¿De qué se vale entonces el analista si el sentido tapona?

El analista dispone del poder de la palabra, pero no lo utiliza para enseñar ni para compartir sus emociones con el paciente, sino para interpretar.

La palabra es poder, hay un poder en la palabra. Se dirige a otro, se sostiene en el fenómeno social, en el vínculo entre locutor y oyente pero también es otra cosa, es un acontecimiento de cuerpo en tanto implica una resonancia.

La carga libidinal de la palabra es singular y por ello no tiene exactamente la misma significación para un sujeto que para otro, menos aún, la misma resonancia.

El acto de interpretación no tiene que ver con la buena educación, Lacan decía que no se puede analizar a reyes y a princesas, suponiendo que se les tiene un “respeto”. La interpretación es irrespetuosa. El analista actúa de manera inhabitual, teatral, según Miller, pero con tacto y delicadeza. “Le corresponde ser delicado en la brutalidad misma de la interpretación, en el paso brusco de la cortesía al irrespeto que no busca sacudir al otro, sino en él, al viejo amo que comanda la repetición.” (MILLER, 2000, p.50)

La interpretación, en este sentido, es un “esfuerzo de poesía”. Descreyendo de la utilidad directa de la sesión analítica, y lejos de caer en los lugares comunes, JA Miller, ubica a la sesión analítica como un paréntesis en el discurrir diario del analizante.

La sesión analítica intenta que se produzca la emergencia de un real que es imposible de aprehender, se sostiene en el deseo de despertar, vehiculizado por el deseo del analista que con su presencia soporta lo imposible del encuentro con lo real.

La sesión breve o de tiempo variable es una apuesta de Lacan por mantener el deseo de despertar. La sesión, el transcurso de un análisis, no deben medirse en términos de utilidad directa ni regirse bajo el tiempo cronológico que el reloj y los años imprimen. Para ello nos servimos de un instrumento del análisis conocido como escansión.

El término escansión es tomado por el psicoanálisis desde la métrica poética en su acepción de: separar, subrayar, cortar. Si bien es utilizado mayoritariamente para hablar del fin de cada sesión hay escansiones que se producen dentro de la misma sesión analítica. Se trata, como dice Lacan, de “una detención, la de un cesar y la de un recomienzo”. (LACAN, 1974)

En “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada…” Lacan plantea los tiempos lógicos: instante de ver, tiempo para comprender, momento de concluir. La escansión abre el espacio para que el segundo tiempo se produzca, crea puntos suspensivos que luego se cerrarán cuando se precipite el momento de concluir. Es el momento de concluir, en un après coup, el que resignificará el tiempo anterior y nos dará las claves que permitan ver si la escansión se produjo en el momento preciso.

Se trata de producir un corte en el discurso, tanto para la emergencia del Sujeto barrado como para la emergencia de un real que responde a la lógica significante: el objeto a. La interpretación analítica apunta al encuentro con el sin sentido, al deseo de despertar. Es por ello que es necesaria una escansión cuando se produce la apertura del inconsciente.

BIBLIOGRAFÍA

  • FREUD, S. (1937) “Análisis terminable e interminable.” En Obras completas. Tomo XXIII. Amorrortu Editores, Buenos Aires, p 211-254.
  • MILLER, J-A (1996) “Apología de la sorpresa” En Entonces sssh… Eolia, Buenos Aires, 29-45.
  • MILLER, J-A. (2000) “Intervención sobre la interpretación”. En El coraje de la enunciación. Buenos Aires, Paidós, 1997-2008
  • MILLER, J-A. (2014a) “Otro Lacan.” En Matemas I. Buenos Aires, Manantial, p 107-116. MILLER, J-A. (2014b) “Despertar.” En Matemas I. Buenos Aires, Manantial, p 117-121.
  • LACAN, J. (2002) “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano.” En Escritos II. Buenos Aires, Siglo XXI, p 755-788
  • LACAN, J. (2002) “Posición del inconsciente”. En Escritos II. Buenos Aires, Siglo XXI, p 789-808.
  • LACAN, J. (1974) Seminario XXI, "Los incautos no yerran", inédito, clase del 9 de abril de 1974.
  • LACAN, J. (1971) “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma.” En Escritos I. Buenos Aires, Siglo XXI, 2005, p 187-202